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4 formas inadecuadas de gestionar la ira

by / Martes, 04 Febrero 2020 / Published in Coaching
4 ira

La ira no desaparece por sí sola, ni por arte de magia. Cuando experimentamos esta emoción invasiva es muy importante que la expresemos de la manera adecuada. De lo contrario, podríamos terminar enfermando.
Gestionar la ira de manera inadecuada es un hito o costumbre que puede producir consecuencias desastrosas. La ira es una de esas emociones invasivas que muchas veces nos lleva a hacer tonterías. Terminamos diciendo o haciendo algo que nos perjudica y/o perjudica a las personas que queremos.
Aquí os presentamos cuatro formas de gestionarla de manera inadecuada:
1. La contención absoluta, una forma inadecuada de gestionar la ira
La contención absoluta nunca es un camino válido para gestionar la ira, ni otras emociones. Negar lo que se siente, aprisionar, eludir o tratar de pasar por alto lo que sentimos no es adecuado. Ninguna represión es exitosa. Lo que sí podemos hacer es pensar en un primer momento para evitar que se produzca uno de esos estallidos de rabia se vuelvan contra nosotros o contra los que queremos. La serenidad dará paso a un escenario más propicio para expresar la emoción.
2. Volcar la ira sobre uno mismo
Una de las consecuencias de reprimir la energía que acompaña a la ira es que esta termina explotando dentro de nosotros. Las emociones no se diluyen ni desaparecen porque sí. Cuando no las gestionamos, terminan transformándose en algo indeseado. Es frecuente que esa rabia que callamos más adelante se convierta en una agresión hacia nosotros mismos.
3. Adoptar actitudes pasivo-agresivas
Las actitudes pasivo-agresivas son aquellas en las que las palabras, los gestos o los actos denotan rabia, pero esta no se expresa directamente. Más bien se oculta. Se le ponen adornos o velos que matizan la ira, pero no la canalizan ni la solucionan. El ejemplo más típico es el de las indirectas. Se dice y no se dice.
4. Descargar la ira con gente inocente
La ira genera a veces cadenas de agresión que son completamente irracionales. Supongamos que el jefe molesta de alguna manera a su empleada. Esta no le responde, pero cuando habla con su novio se muestra contrariada y le recrimina sin razón. El novio no le responde, pero guarda una cierta molestia dentro de sí. Por eso llega a su casa y se vuelve excesivamente intolerante con su hermano menor, al que termina gritando. El niño no responde, sino que juega bruscamente con su perro para aplacar la ira que siente.
De esta manera se forma todo un círculo de agresiones, sin que en ningún punto se gestione el enfado de la manera adecuada. Alguien totalmente inocente puede terminar pagando las consecuencias de una mala gestión emocional.
Aprender a gestionar la ira es muy importante para construir entornos sanos y relaciones más constructivas. Lo adecuado es que siempre expresemos nuestras molestias a la persona que las generó. Manifestar abiertamente que rechazamos un trato injusto, desconsiderado o poco respetuoso. Hacer esto después de haber recuperado la serenidad -si es imposible, ponerlo todo en un papel, sin filtros- ayuda mucho.

Fuente: www.lamenteesmaravillosa.com Edith Sánchez •

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