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La fuerza de la amabilidad

by / Lunes, 23 Octubre 2017 / Published in Coaching
LA fuerza de la amabilidad

Dicen que la amabilidad está en desuso. La impaciencia y la prisa son sus enemigos. Estamos tan centrados en nuestra lista de tareas que dedicar una palabra amable, más allá de gruñir “buenos días”, parece una pérdida de tiempo.
La amabilidad es dar valor a las personas y eliminar las fronteras de nacimiento y religión. Desde 1997, se celebra -cada 13 de noviembre- el Día Mundial de la Amabilidad para animar a todo el mundo a tratarse con benevolencia. Todos tenemos un gen amable. Investigaciones recientes afirman que los niños de tan sólo seis meses ya están preparados para ayudar y elegir conductas altruistas hacia sus iguales. Nuestros ancestros sabían que la mejor forma de protegerse de los depredadores era hacer piña con sus congéneres.
Beneficios
Una persona amable posee empatía, humildad (abstenerse engreídos), paciencia, generosidad, respeto y, muy importante, el autocontrol emocional. Para Seligman, la amabilidad nos hace reaccionar ante la adversidad con la respuesta de cuidar y proteger frente impulso de supervivencia de luchar o huir. ¿Por qué?
Mejora la salud. Reduce el cortisol, la hormona del estrés; favorece la oxitocina, la de la confianza. Disminuye el riesgo cardiovascular y la tensión arterial alta. Aminora la sensación de dolor y pose cualidades antienvejecimiento.
Garantiza el bienestar psicológico. Protege el sistema nervioso contra la ansiedad, nuestro cerebro derrocha endorfinas.
Estabiliza el estado de ánimo, nos saca del ensimismamiento y la obsesión. Se ha observado que los actos de bondad en los niños son fuente de energía y seguridad. “Sienta bien hacer el bien”
Favorece las relaciones. Transforma el ambiente hostil ya que percibir a los demás de manera positiva impulsa a colaborar. Nos hace más atractivos y productivos. Además, es contagiosa y un elemento crucial en el liderazgo positivo.
En su justa medida. La amabilidad endulza la vida, pero no se nos puede ir la mano porque resultaremos falsos. Melifluo o meloso es alguien dulce en exceso. Tampoco podemos ser amables para conseguir algo del otro, es manipulación, al igual que la amabilidad que enmascara superioridad. Complaciente, es otra definición de la RAE para amable, aunque, el complaciente se encontrará haciendo cosas que no desea para caer bien o evitar conflictos. Algunos sólo se sienten fuertes sacando el dragón que llevan dentro y confunden amabilidad con debilidad. Ser amable no es ser tonto. También poseemos el gen de la autoprotección. Si tienes ante ti a una persona abusiva o malhumorada, por favor, no seas amable. Aclara que no permites que nadie te trate mal. No enfermes de “buenismo”, es tan dañino como estar todo el día enfadado. Para mí la amabilidad es la elegancia del alma. Quizás, estos tiempos de prisas y desconfianza, crean el espejismo de que la bondad se ha perdido. Hoy me ha bastado sentarme en un banco con Harry, mi perrito cachorro, para conseguir robar una sonrisa a los viandantes. Será el gen amable que todos llevamos dentro.

Fuente: http://www.elmundo.es/vida-sana/mente

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