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Ocupados y desconectados

by / Martes, 13 Septiembre 2016 / Published in Coaching

Estar ocupado ha dejado de ser un símbolo de inteligencia y bienestar, al menos en las ciudades más educadas y avanzadas del mundo. Las horas laborales se reducen y los horarios se respetan, y en todos los casos, ocho horas es el máximo establecido. Entre otras medidas, se combate más que ninguna otra cosas la reunionitis y se concentra la mayor cantidad de tiempo a ejecutar los planes trazados. Cada quien es responsable de lo que le tocó. Al final, las metas se consiguen en menos horas con mejores resultados. Los beneficios no son solo laborales. Son, sobre todo, personales: más tiempo para la familia, para los amigos, el ocio, el deporte, la cultura, lo que repercute en ciudadanos menos estresados, más felices, más informados, estimulados y educados. O sea menores trabajadores.
En Lima, estar ocupado es casi un signo de status, sobre todo en el desfasado mundo corporativo donde el empleado promedio desperdicia por lo menos el 65% de su tiempo en reuniones que no sirven para nada, se convoca a más personas de las necesarias y  no se sigue una pauta de los temas que se tocarán. En las horas que quedan, el empleado deberá responder las decenas de correos y encargarse de ejecutar el resto de tareas a su cargo o sea trabajar de verdad.
“Estar ocupados es la nueva estupidez” escribe Tony Crabbe en su libro Busy: How to Thrive in a World of Too Much. La cantidad de información con la que lidiamos es abrumadora. La carga emocional y mental que supone es durísima, sobre todo porque el mundo nunca se movió tan rápido como hoy. Imposible imaginar el mundo sin un smarphone en nuestras manos que nos quite esa minireserva de paz que supone el tiempo libre. Antes las salas de espera nos enfrentaban con nuestros propios pensamientos y recuerdos. Hoy esa pausa es impensable.
Recuperar el control de nuestro tiempo es una primera tarea si queremos ser mejores como individuos y sociedad. AL final, ¿hacia dónde corremos tanto? Una buena idea sería “desconectarse” para conectar, renunciar a la fantasía de creer que podemos estar  en todas partes, que podemos saberlo todo, y concentrarnos en cada cosa que hagamos por  más pequeña e insignificante que parezca. AL final ¿qué podríamos perdernos? ¿otro memme gracioso? ¿40 fotos como las que vimos ayer?

Fuente: Verónica Klingenberger- Publimetro

 

 

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